Sinaloa | Norte

No para de llover, pero agua con sal

En México el refrán “llueve sobre mojado” se ha quedado corto, terriblemente corto.

Como si fuera un fantasmagórico Macondo, nos llueve desde 2006 y como escribiera Javier Valdez Cárdenas en uno de sus primeros correos —quizás pensando en la canción de José José— llueve, pero agua con sal. Quizás sería más adecuado decir lluvia tóxica, de esa que mata lentamente. Pero la verdad es que tampoco morimos lentamente. Cuando llevamos Menos Días Aquí, nos dimos cuenta que “lentamente” significaba entre 200 y 400 homicidios semanales. El goteo de muertes no ha parado desde entonces. En ese entonces no sabíamos de desaparecidos, y ahora sabemos que también son parte de esta terrible e interminable tormenta, junto con los desplazados, los huérfanos, los heridos, etc.

En 2015 en Sinaloa en la Mira –espacio de Luz Noticias– emprendimos la tarea de contar las historias de los trabajadores de la información asesinados y desaparecidos desde el 2000

y le robamos una estrofa a un poema de Maples Arce y lo titulamos Tú y yo coincidimos en la noche terrible. Pensamos —ingenuamente— que el asesinato de Regina Martínez sería lo más negro de nuestra noche, ese espacio donde el miedo y la incertidumbre se ciernen sobre nosotros, pero no. No. El día de ayer “nos dieron en el corazón”, y nos sumieron aún más en esta escalofriante noche. Los “hombres armados” —ese eufemismo que usan algunos medios para no culpar al Estado— mataron cobardemente a Javier, amigo y cómplice fundamental de Sinaloa en la Mira.

Aunque en los diarios se nombre a Javier como el cronista o periodista del narco (por sus conocidos reportajes en RioDoce, La Jornada, y otros medios al igual que Luz Noticias), los que lo conocimos sabemos que era mucho más que eso.

Como dice Marcela Turati, fue el maestro que enseño a muchos a cubrir esa entelequia que llamamos “narco” y que tiene, tanto, tanto de Estado. Fue el cómplice de las madres de desaparecidos, de las Rastreadoras del Fuerte, por ejemplo, que se negaron a esperar que el gobierno buscara a sus seres queridos. Pero, sobre todo, fue el hombre que siempre hacia un llamado valeroso al humor. Al respecto, la periodista colombiana Ginna Morelo recuerda que cada vez que hablaba con él y le contaba las atrocidades que tenía que cubrir en Colombia le decía: “Sonríe, sonríe siempre”.

En Sinaloa en la Mira, Javier no solo nos contó “sobre el narcotráfico como forma de vida y no como fenómeno policíaco”.

Fue más allá. Cuando todos volteaban hacia el Estado de México o Chihuahua, él fue de los únicos en denunciar los feminicidios en Sinaloa. También recordamos los textos que dedicó al asesinato de Sandra Ley, asesinada por los supuestos criminales que desaparecieron a su hijo y criminalizada —como es la costumbre— por el gobierno local. Siguió también a los desplazados de las comunidades infestadas por el crimen cuando el fenómeno ni siquiera era considerado en los grandes medios o la academia.

Javier fue un faro siempre visible en esta oscuridad en la que está sumido el país.

De nosotros queda que su luz no se apague con su cobarde asesinato y nos siga guiando para que los que quedamos —porque en verdad nos están matando— sigamos en esta idílica pero necesaria lucha por un México diferente. Va por ti, Javier, y por tantos otros. Seguimos.

Un reportaje de: Sinaloa en la Mira

Por: Mario García Madrid

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